domingo, 30 de enero de 2011

Dulces sueños

Dulces sueños… fue lo último que escuché antes de cerrar los ojos. Dulces sueños; qué irónico. En realidad estaba a punto de adentrarme en mi peor pesadilla; esa en la que estaba sola.

sábado, 29 de enero de 2011

¿Recuerdas cuándo...

Reíamos sin saber bien por qué. Creíamos en lo imposible. Los niños no estudiaban la filosofía de Aristóteles sino el Imagine de John Lennon. Había aprendido a recordar sólo la parte que me hacía feliz. El barça siempre perdía. Escribía a todas horas; siempre había alguien esperando a leerlo. Tenía fe, en mí, en un hipotético nosotras. Tu risa tenía un eco en mi sonrisa. Escribías te quiero en doscientos idiomas y yo solo lo leía en tus labios. Sophie seguía entre nosotros. Estaba prohibido decir adiós y pedirle a Dios. No me habría rendido por nada en el mundo. Me ponía histérica ante cada momento a tu lado. Me creía una heroína cada vez que te salvaba de caerte. Consideraba a Epi y Blas tan castos e inocentes como yo. Sabía pedir perdón, pero no había razón para pedirlo. Había borracheras, no resacas. Te miraba y me entendías. Uno más uno eran siete, aunque yo me conformaba con cuatro. Aún me permitías robarte besos. Tenías un lenguaje distinto al mío que, milagrosamente, a veces, yo conseguía entender. Bailaba Michael Jackson, actuaba Marilyn Monroe y los Beatles aún estaban juntos. Volaba en otro avión, pero volaba a menudo. Entendíamos por Bob más que el nombre de Marley. Salía de casa y ya había luz, aunque las calles estaban mojadas. Se había impuesto el sentir al pensar. Todo era hipotético y futuro. Nunca me habrías rechazado un abrazo. Nevaba. Disney no era solo un reconfortante recuerdo del pasado y no, no me miraban raro cuando cantaba Yo voy a ser rey león. California no parecía tan lejano. Pensaba que aquella timidez tan tuya desaparecería con el tiempo. Creíamos que ese verano nunca acabaría. Tomábamos flash. Jugaba durante horas sin cansarme. Te miraba desde el asiento de delante sin que te dieras cuenta, mientas en el coche sonaba Taylor Swift. Reescribíamos la historia, sin miedo a tachar y a inventar. Me despertaba a tu lado. París no era una ilusión, sino una realidad?

But that was when I ruled the world.

martes, 18 de enero de 2011

Sin palabras

Sin palabras es como me quedé yo ayer. Sin palabras es la única respuesta que consigo a un último intento desesperado por mi parte de que lo comprenda, de que entienda que lo importante no fue lo de ayer sino lo que hay detrás de lo de ayer, que se dé cuenta de que nada tiene sentido si no confía en mí. Sin palabras. Daño gratuito y sin solicitud previa. Alejamiento en los momentos más difíciles.

Pero tal vez sea mejor así, quizás deba aislarme del mundo en este momento y comprender por mí misma que los sueños a veces no se hacen realidad. Tal vez deba contemplar como Peter Pan alza el vuelo tras despedirse de Wendy en la ventana, iniciando su regreso a Neverland.

Recuerdos

Y entonces vi la lucecita de noche. Y rompí a llorar.
Y pensé: pero eso es algo que solo Wendy entendería; si es que alguna vez me entendió.

lunes, 17 de enero de 2011

Wendy?

- Tal vez me confundí de nombre.
- ¿Qué?
- Wendy…. Tal vez me equivoqué… Ahora lo pienso y creo que es al revés; tú siempre fuiste Peter y yo siempre seré Wendy. Lo siento, me equivoqué de nombre.
- ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?
- Nada. Es sólo que me he dado cuenta de que el protagonista era Peter, el que no quería crecer; Wendy se ilusionó, dejó que le llevara a sitios mágicos, se enamoró de un niño que nunca querría ser su hombre, que nunca querría crecer a su lado. Wendy intentó demostrarle que él también podía ser un niño normal, intentó mostrar la parte positiva de vivir en el mundo real, de tener una familia y vivir junto a otra persona las distintas etapas de la vida. Intentó que abandonara Neverland, probablemente sintiéndose culpable por ello, por intentar que Peter abandonara su esencia y preocupada de que lo que ella podía ofrecerle en el mundo exterior no fuera lo que hiciera feliz al niño. ¿Pero de que otra forma podía verle? Ambos sabían que algún día ella tendría que regresar. ¿Qué pasaría entonces? ¿Podrían vivir el uno sin el otro? ¿Podría Wendy renunciar a su felicidad por la de Peter? ¿Y cómo estar segura de que Neverland era lo que realmente el niño quería? Wendy solo tuvo una opción; la correcta: volver al sitio al que pertenecía, llevándose consigo los maravillosos recuerdos de los momentos compartidos. Y dejar que Peter decidiera su destino, sus destinos, ya que el de ella dependía también de dicha decisión.

Mi discurso, por un segundo, me hizo creer en los cuentos de hadas otra vez; el silencio me devolvió a la realidad.
- Ambas sabemos el final de la historia – añadí – Y por ello, yo era Wendy y tú Peter Pan. Pero me he ido por las ramas y me he olvidado de lo verdaderamente importante, de algo que nos distingue completamente de ellos.
- ¿El qué?
- Tú no confías en mí.
De fondo, sonaba Back to december de Taylor Swift, expresando a la perfección lo que yo quería decir.