- Te escribí una carta - le dije a la persona que tenía delante. Llevábamos tres años sin hablar a solas, no así, no de "nosotras". Siempre habíamos mantenido una barrera de seguridad para evitar ese, o cualquier otro tema, que pudiera transportarnos a ese verano, otoño e invierno del 2010, cualquier tema que pudiese derribar la barrera que nos protegía de mostrarnos vulnerables.
- No recibí ninguna carta - dijo ella.
No supe si creerla. Ya no conocía a aquella chica, o no de la forma en que lo había hecho. Tal vez era cierto y la carta nunca llegó a su destino. Tal vez no quiso abrirla y ahora me estaba mintiendo. O, quizás, prefería ignorar lo que en ella le decía.
Pero, fuera cual fuera la respuesta correcta ya daba igual. Había pasado demasiado tiempo. Era cierto que durante esos tres años yo no había dejado de esperar una respuesta o una reacción a aquella carta. Pero eso no cambiaba el hecho de que, durante todo ese tiempo, ella no había luchado ni una sola vez por recuperar lo que teníamos. Por mucho que yo lo esperaba, nunca había aparecido en mi puerta sorprendiéndome, nunc ahabía venido a recogerme a la estación, nunca había llamado para decir un simple "te echo de menos". Esperé y esperé... pero llega un momento en que, dejas de hacerlo. Ella había seguido con su vida por su cuenta, para bien o para mal, no lo sé... y ahora me tocaba a mí hacer lo mismo.
La quise mucho, sí, pero eso no lo es todo en la vida y tal vez esa conversación llegaba ya demasiado tarde. Dos años, once mes y treinta días tarde... porque al día siguiente de nuestra separación, antes incluso de mandar aquella carta, yo ya sabía que creía que cometíamos un error, yo ya quería volver. Tres años es demasiado tiempo esperando, pero es mejor que esperar toda una vida. Fue entonces cuando me di cuenta.
- ¿Qué ponía la carta? - dijo ella con esa voz que yo tanto había adorado, con esa voz que escondía mucho, esa mezcla de una niña víctima de la vida y una mujer culpable de sus propias decisiones.
- Que me iba de Erasmus - mentí. ¿Para qué decir la verdad a estas alturas? Era momento de cerrar heridas, no de volver a abrirlas.
Nos estábamos despidiendo, entre los recuerdos de un pasado que se habría merecido un futuro, entre la estela de las lágrimas que perdimos, entre el eco de las promesas que nunca llegamos a cumplir, pero, también, entre el recuerdo de los buenos momentos compartidos. Tres años después mi corazón decía adiós, aunque lo cierto es que nunca quiso hacerlo.
Vi como ella se levantaba de su silla y se acercaba a darme un beso en la mejilla. Ya no usaba el mismo perfume. Ya no era mi Wendy.
Nunca llegó a saber que decía aquella carta de verdad.
Poner voz de Robert de Niro, "Sophie, ¡eres buena, eres muy buena!.
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