Aquella noche del 4 de Julio, cuando vi una estrella fugaz, pedí un deseo. El mismo que pedía cada vez que soplaba las velas de mi tarta de cumpleaños, cada año. El mismo que deseé cuando lancé una moneda a la Fontana de Trevi, cuando me dieron un trébol de cuatro hojas, cada vez que me caía una pestaña y en cada carta secreta a los reyes magos que nunca entregué.
Pero aquella noche era distinta, aquella noche era consciente de que el sueño podía hacerse realidad; podía significar el comienzo de una historia o el final de algo que ni si quiera había empezado.
Cuando era pequeña solía pensar que si me concentraba y deseaba algo con mucha fuerza, al final, se haría realidad. ¿Qué pasó luego? La vida.
Pero aquella noche, a solas sobre esa manta en el césped de un parque repleto de gente, volví a intentarlo, volví a cerrar los ojos e imaginar lo que quería que sucediera.
Fue entonces cuando, con los ojos cerrados, recordé en un segundo todos esos meses a su lado. Nos presentaron tiempo atrás, pero por una razón o por otra no había logrado hablar con ella de verdad hasta abril. Suena a locura, porque apenas nos conocíamos, porque de hecho en esa época era otra quien tenía mi plena atención, pero ese día por alguna razón supe que había algo. No sé explicarlo, simplemente sentía que quería más de aquello, que estaba cómoda, que sentía un calor que no era sinónimo de calentura sino de calidez. Poco a poco, ese verano, se fue ganando un hueco en mi vida o yo en la suya, no lo sé. Estuvo ahí como amiga cuando más la necesité y compartió conmigo cosas que prácticamente nadie más conoce. Me sentí afortunada, arropada, cuidada, incluso mimada… y de pronto ¡PUM! Me había ilusionado, y me di cuenta. Durante esos meses de agosto y septiembre intenté transmitirle cosas poco a poco, utilizando mi mejor arma: las palabras. Y un día, sin saber muy bien como, me di cuenta de que me estaba acariciando. ELLA: La dama de hierro, que jamás se enamoraba, que no dejaba que nadie se acercara lo suficiente para que llegaran a conocerla, que tenía una larga colección de ex parejas, que no de ex amantes. Porque no hay que confundir amante con pareja, el amor va más allá, el amor es otra cosa. Ella, que tenía una política de absoluto rechazo a las relaciones, me estaba acariciando. Y entonces tuve miedo, porque recordé las dos experiencias anteriores, porque yo ya sabía lo que era confundirse con una amiga, que te dieran falsas esperanzas, que te hicieran daño. Yo no quería eso, definitivamente. Pero ¿y ella? ¿qué buscaba ella?
Durante un tiempo fingió incredulidad, fingió que no se daba cuenta de hasta qué punto me había abierto su corazón. Pero fui firme, le dije lo que sentía, mil veces. Esperé. Fui paciente y solo ella sabe hasta qué punto. Me sentía vulnerable otra vez, pero me daba igual, por tercera vez iba a abrirme a otra persona, aún sabiendo que podía salir herida, aún sabiendo que hasta mis amigos me aconsejaban que no me arriesgara que no iba a ser fácil con ella.
Y entonces llegó ese día. Ayer le pedí que, si de verdad quería empezar algo conmigo, si de verdad me quería, viniera hoy aquí, para ver los fuegos conmigo.
Y aquí estoy, sola. Faltan 5 minutos para que comiencen y estoy temblando, por si no viene y por si lo hace. Cinco minutos parecen poco, pero llevo esperando toda una vida. Oigo los ruidos de las familias, niños impacientes presionando a sus padres, padres que se besan, charlan o esperan en silencio. Y me pregunto si algún día yo tendré todo eso.
Mantengo los ojos cerrados un poco más y reservo mis últimos atisbos de energía, como hacía cuando era pequeña, para desear con toda la fuerza posible que ella venga.
Oigo el primer fuego artificial estallando en el aire. Durante un instante creo que mi corazón volverá a romperse.
Entonces abro los ojos.
Y ahí está ella. Sonriéndome con su cazadora negra con capucha. Nerviosa. Dulce.
Sonrío.
Me acuerdo entonces de todas las velas, los tréboles, las monedas, las cartas y las pestañas. Me acuerdo de esa última estrella fugaz.
Y sé que por una vez mi deseo ha sido concedido.
Y doy gracias, no sé bien a quien, pero lo hago, porque en la vida me han enseñado que siempre hay que dar las gracias.
Ella se acerca en silencio y se sienta a mi lado para ver los fuegos.
Estiro la mano y rozo la suya. Y no necesito nada más, se que saldrá bien, sé que pienso intentarlo todo para que ella siempre vuelva ese día a esa hora, sé que siempre habrá fuegos artificiales.
……
Cinco meses después sigo rozando su mano, sigo sonriendo y sigo escuchando esos fuegos.
how wonderfull life is
ResponderEliminarnow ur in her world
(8)
I hope u don't mind that I put that in words.
ResponderEliminarlas estrellas fugaces de vez en cuando se fijan en las personas que sueñan desde la tierra. Mientras tanto, algunos otros tontos seguimos tratando de seducir lunas, para ver qué pasa.
ResponderEliminarNo sabes cuánto me alegro por ti, de verdad. No sabes lo mucho que me transmitiste de un abrazo el otro día, y espero que alguna vez te pueda devolver esa sensación tan guay, y una sonrisa tan genial.
:)
Quizá yo también tendría que haber esperado, pero he sentido las sensaciones de antaño que describes, he visto entre la hierba sus roces anaranjados y las sonrisas que sólo a mí me dedicaba. Nos he visto besándonos bajo estallidos de color y tormenta, y la recuerdo.
ResponderEliminarNiña de los pies de plomo, mil gracias ;) Ya sabes que con un abrazo a mi tambien me transmites buen rollo jeje. Un beso.
ResponderEliminarÁnónimo, me alegra haber conseguido que recuerdes las mismas sensaciones con unas palabras. Un beso
ResponderEliminar