A todos aquellos que perdisteis un poquito de vuestro tiempo para leer estas divagaciones mias, gracias. Por compartir conmigo la experiencia de un primer blog en el que expresar lo que siento, por compartir conmigo el viaje de un primer amor.
Os doy las gracias de verdad. Si aún tenéis algo de tiempo libre entre café y café, tardes de estudio y días de verano, a partir de hoy éste será mi nuevo blog. Siento tener que dejar de publicar en este, aunque creo que ya dejé claro en la anterior entrada por qué lo hacía.
De nuevo, gracias.
el nuevo blog:
http://otravezimpar.blogspot.com/2011/05/otra-vez-impar.html
lunes, 23 de mayo de 2011
domingo, 17 de abril de 2011
The end
Nunca se me dieron bien las despedidas. Nunca fui de esas personas que usan las pocas frases típicas que esconden lo que en realidad querrías decir. Tal vez por eso me despido con un simple adiós, para no ofender con lo que de verdad grito, para no poner en una situación incómoda a quien sí utiliza esas frases típicas. No es hasta que ha pasado un cierto tiempo de reflexión y en soledad cuando, escribiendo, me despido a mi manera.
Hoy me despido de alguien; alguien con quien jamás tuve que utilizar las vacías frases prefabricadas. Por ello, hoy no digo solo adiós.
Cuando W murió a penas hacía seis meses que la conocía, pero, no sé cómo, ya era el principio y fin de casi todo lo que solía importarme.
Cuando W murió, dejé de existir durante un tiempo. Y no porque alterara el curso habitual de un día cualquiera en mi vida: seguí yendo a clase, seguí descuidando mi alimentación de la misma forma, seguí saliendo de fiesta, seguí viendo las mismas películas y escuchando la misma música; sino porque muchas cosas dentro de mí cambiaron. Lo noté en que, de pronto, tenía frío siempre. Y lo peor es que lo transmitía a los demás, sin quererlo, sin poder evitarlo. Después me di cuenta de que por su ausencia se habían agudizado esa hipersensibilidad y susceptibilidad tan características mías. Y eso solo significaba más malas noticias, un futuro hipotéticamente más amargo. Pero lo peor de todo fue perder la poca fe que aún conservaba; fe en mi propio sueño; sueño que Wendy se fue sin conocer.
Que Wendy muriera significó para mí el final de una etapa, pero si hubiera resultado tan simple no estaría aún escribiendo sobre ello.
No entendí por qué se fue, y eso no ha cambiado ni creo que lo haga con el tiempo; nunca comprenderé por qué no luchó un poquito más por su vida, porque no fue fiel a lo que prometía, por qué no me dejó quererla. Pero en otras cosas mi visión sobre ella sí ha cambiado. Cuando se fue al principio, en cierta forma, llegué a odiarla, la acusé de ser cobarde y por orgullo la habría vendido al mejor postor… a pesar de que la amaba. Durante esos primeros días pensé mucho en la idea de que se estaba buscando su propia infelicidad, quizás porque nadie le había enseñado que se podía ser feliz, que no tenían por qué tratarla mal. Y pensaba: allá ella si prefiere mandar lejos a la persona que le enseñó que podía esperar más de la vida. Porque, al contrario que mucha más gente de la que pueda parecer, yo no haré nunca del masoquismo mi bandera. La vida no es fácil, vale, pero no hay por qué complicarla más. Pero ahora, con el tiempo, no la culpo, tal vez fue la única capaz de escapar a tiempo, tal vez sí sea feliz en Neverland, tal vez yo no podría ser lo que ella necesitaba. Sé que yo no me habría marchado y menos en un mal momento para ella, pero también sé que para mí ya era tarde.
Vi morir a Wendy mientras confeti de colores volaba por el aire. Las puertas se abrieron y vi a alguien allí, alguien a quien también quería aunque no de la misma forma. Miré a esa persona y vino a abrazarme. Descubrí en su abrazo a mi amiga, pero no había rastro de W, ya no estaba allí, ya no había un “nosotras”, ya no nos quedaba ni París. Y luego, cuando mi amiga dejó de rodearme con sus brazos, vi el cuerpo sin vida en el suelo del ascensor, el de alguien a quien había amado, el de quien nunca llegará a ser mi esposa.
Y cuando murió se me partió el corazón. Se fue la parte innegociable de mi amor.
En los días previos había intentado que entrara en razón, me había dedicado en cuerpo y alma a conseguir que recordara por qué estaba conmigo, había defendido hasta las últimas consecuencias la teoría del “Carpe Diem”. Incluso me había dejado arrastrar por su juego, ese del tira y afloja en el que ella ponía las reglas, ese en el que va todo al ganador. Sobra decir que yo no gané nada. La vi dudar en ciertos instantes, vaciló, cometió algún que otro error que podía darse a entender como un paso atrás etc. Pero yo sabía de primera mano que había comprado un billete a Neverland y que pensaba utilizarlo. Billete solo de ida. Billete a la eterna juventud.
Cuando W murió cambié su nombre en el móvil, borré la esperanza, reescribí el final.
W se fue casi sin previo aviso o, al menos, yo no estaba preparada para ello. W se fue fallando a sus promesas, pero sobre todo fallándome a mí y a todo aquel que pensó que esta vez sería diferente…si es que alguien lo pensó. W se fue sin leer mi libro y, por tanto, sin descubrir muchas partes de mí que hay en él y que yo nunca fui capaz de contarle. W se fue el mismo mes que murió una de las personas más importantes de mi vida…aunque dudo que lleguen nunca a conocerse. W me dejó no sé si segura de su decisión, pero espero que sabiendo cuanto la quería, a mí al menos no me queda ningún remordimiento. Me gustaría creer que se marchó sin más, llevándoselo todo, arrasando todo a su paso…pero no es cierto, sus cicatrices permanecerán conmigo por mucho tiempo, como las de cada persona que partió antes que ella. No sé si resucitó y sigue viva en algún sitio, no puedo saber si en alguna parte aun queda algo de la niña con capucha negra de la que yo me enamoré; solo sé que se fue y puede que no sea capaz de perdonarla por ello, pero espero que sea feliz esté donde esté.
Inicié este blog para facilitar la comunicación con Neverland, su país natal. Inicié este blog para que la chica con miedo al compromiso pudiera escuchar todo eso que alguna vez tenía miedo de decir. W hoy ya no está, ya no conozco a nadie en Neverland. Y aunque fuera cierto, aunque ella siguiera viva y siguiera allí no creo que me quede nada por decir. Sin W ni comunicación con Neverland este blog carece de sentido, por lo que no enviaré más cartas con este remitente, no volveré a escribir en él. Solo deseo que si algún desconocido encuentra estas cartas no las tome como ejemplo de nada, nunca quise serlo, nunca fui más que una chica que quería a otra chica, una soñadora. Espero que si ella encuentra estas cartas recuerde solo lo bueno: los peluches con nombres raros, los besos y abrazos, las cinco horas, que fui el rey león, los tortellini, las llamadas en plena madrugada, las sonrisas, los regalos, las entradas de cine malgastadas, los sueños, la lista innumerable de canciones… el antes y el durante, aunque no el después.
Estoy convencida de que cuando algún día yo también pase a esa otra dimensión a donde va a parar todo lo que yace sin vida, todo lo olvidado, todo lo que un día fue joven; si vuelvo a ver a Wendy será como dicen en esa canción: “Y ya verás como me olvidas, y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría y me dices que lo nuestro no era lo que merecías. Seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida.” Estoy segura.
Hoy me despido de alguien; alguien con quien jamás tuve que utilizar las vacías frases prefabricadas. Por ello, hoy no digo solo adiós.
Cuando W murió a penas hacía seis meses que la conocía, pero, no sé cómo, ya era el principio y fin de casi todo lo que solía importarme.
Cuando W murió, dejé de existir durante un tiempo. Y no porque alterara el curso habitual de un día cualquiera en mi vida: seguí yendo a clase, seguí descuidando mi alimentación de la misma forma, seguí saliendo de fiesta, seguí viendo las mismas películas y escuchando la misma música; sino porque muchas cosas dentro de mí cambiaron. Lo noté en que, de pronto, tenía frío siempre. Y lo peor es que lo transmitía a los demás, sin quererlo, sin poder evitarlo. Después me di cuenta de que por su ausencia se habían agudizado esa hipersensibilidad y susceptibilidad tan características mías. Y eso solo significaba más malas noticias, un futuro hipotéticamente más amargo. Pero lo peor de todo fue perder la poca fe que aún conservaba; fe en mi propio sueño; sueño que Wendy se fue sin conocer.
Que Wendy muriera significó para mí el final de una etapa, pero si hubiera resultado tan simple no estaría aún escribiendo sobre ello.
No entendí por qué se fue, y eso no ha cambiado ni creo que lo haga con el tiempo; nunca comprenderé por qué no luchó un poquito más por su vida, porque no fue fiel a lo que prometía, por qué no me dejó quererla. Pero en otras cosas mi visión sobre ella sí ha cambiado. Cuando se fue al principio, en cierta forma, llegué a odiarla, la acusé de ser cobarde y por orgullo la habría vendido al mejor postor… a pesar de que la amaba. Durante esos primeros días pensé mucho en la idea de que se estaba buscando su propia infelicidad, quizás porque nadie le había enseñado que se podía ser feliz, que no tenían por qué tratarla mal. Y pensaba: allá ella si prefiere mandar lejos a la persona que le enseñó que podía esperar más de la vida. Porque, al contrario que mucha más gente de la que pueda parecer, yo no haré nunca del masoquismo mi bandera. La vida no es fácil, vale, pero no hay por qué complicarla más. Pero ahora, con el tiempo, no la culpo, tal vez fue la única capaz de escapar a tiempo, tal vez sí sea feliz en Neverland, tal vez yo no podría ser lo que ella necesitaba. Sé que yo no me habría marchado y menos en un mal momento para ella, pero también sé que para mí ya era tarde.
Vi morir a Wendy mientras confeti de colores volaba por el aire. Las puertas se abrieron y vi a alguien allí, alguien a quien también quería aunque no de la misma forma. Miré a esa persona y vino a abrazarme. Descubrí en su abrazo a mi amiga, pero no había rastro de W, ya no estaba allí, ya no había un “nosotras”, ya no nos quedaba ni París. Y luego, cuando mi amiga dejó de rodearme con sus brazos, vi el cuerpo sin vida en el suelo del ascensor, el de alguien a quien había amado, el de quien nunca llegará a ser mi esposa.
Y cuando murió se me partió el corazón. Se fue la parte innegociable de mi amor.
En los días previos había intentado que entrara en razón, me había dedicado en cuerpo y alma a conseguir que recordara por qué estaba conmigo, había defendido hasta las últimas consecuencias la teoría del “Carpe Diem”. Incluso me había dejado arrastrar por su juego, ese del tira y afloja en el que ella ponía las reglas, ese en el que va todo al ganador. Sobra decir que yo no gané nada. La vi dudar en ciertos instantes, vaciló, cometió algún que otro error que podía darse a entender como un paso atrás etc. Pero yo sabía de primera mano que había comprado un billete a Neverland y que pensaba utilizarlo. Billete solo de ida. Billete a la eterna juventud.
Cuando W murió cambié su nombre en el móvil, borré la esperanza, reescribí el final.
W se fue casi sin previo aviso o, al menos, yo no estaba preparada para ello. W se fue fallando a sus promesas, pero sobre todo fallándome a mí y a todo aquel que pensó que esta vez sería diferente…si es que alguien lo pensó. W se fue sin leer mi libro y, por tanto, sin descubrir muchas partes de mí que hay en él y que yo nunca fui capaz de contarle. W se fue el mismo mes que murió una de las personas más importantes de mi vida…aunque dudo que lleguen nunca a conocerse. W me dejó no sé si segura de su decisión, pero espero que sabiendo cuanto la quería, a mí al menos no me queda ningún remordimiento. Me gustaría creer que se marchó sin más, llevándoselo todo, arrasando todo a su paso…pero no es cierto, sus cicatrices permanecerán conmigo por mucho tiempo, como las de cada persona que partió antes que ella. No sé si resucitó y sigue viva en algún sitio, no puedo saber si en alguna parte aun queda algo de la niña con capucha negra de la que yo me enamoré; solo sé que se fue y puede que no sea capaz de perdonarla por ello, pero espero que sea feliz esté donde esté.
Inicié este blog para facilitar la comunicación con Neverland, su país natal. Inicié este blog para que la chica con miedo al compromiso pudiera escuchar todo eso que alguna vez tenía miedo de decir. W hoy ya no está, ya no conozco a nadie en Neverland. Y aunque fuera cierto, aunque ella siguiera viva y siguiera allí no creo que me quede nada por decir. Sin W ni comunicación con Neverland este blog carece de sentido, por lo que no enviaré más cartas con este remitente, no volveré a escribir en él. Solo deseo que si algún desconocido encuentra estas cartas no las tome como ejemplo de nada, nunca quise serlo, nunca fui más que una chica que quería a otra chica, una soñadora. Espero que si ella encuentra estas cartas recuerde solo lo bueno: los peluches con nombres raros, los besos y abrazos, las cinco horas, que fui el rey león, los tortellini, las llamadas en plena madrugada, las sonrisas, los regalos, las entradas de cine malgastadas, los sueños, la lista innumerable de canciones… el antes y el durante, aunque no el después.
Estoy convencida de que cuando algún día yo también pase a esa otra dimensión a donde va a parar todo lo que yace sin vida, todo lo olvidado, todo lo que un día fue joven; si vuelvo a ver a Wendy será como dicen en esa canción: “Y ya verás como me olvidas, y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría y me dices que lo nuestro no era lo que merecías. Seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida.” Estoy segura.
viernes, 8 de abril de 2011
Cómo me enfrenté a la realidad
Como escuché en “Cómo conocí a vuestra madre”: “Chicos, la vida está llena de grandes momentos románticos que son los que hacen que merezca la pena vivir. Pero hay un problema: esos momentos pasan e, inmediatamente después, acechando a la vuelta de la esquina, nos espera una vieja, peluda y cruel llamada realidad.”
De modo que en 2011, la noche del ocho de abril, la realidad era el enemigo. Cuando te peleas con tu ex (que resulta ser también tu mejor amiga) y esta no hace nada por arreglarlo tras un día sin hablar, chocas con la realidad. Cuando te afecta en exceso casi todo lo que pasa, por pequeño y tonto que sea, chocas con la realidad. Cuando tu mejor amigo parece estar siempre mal, incluso cuando está contigo, y no te cuenta por qué, chocas con la realidad.
Yo hoy me enfrento a todo ello.
Pero tal vez era necesario que todo se desencadenase de este modo para comprender que la vida no dura para siempre, que si los que están a tu alrededor se empeñan en estar mal o en no disfrutar o en no arreglar las cosas, allá ellos. Tal vez llega un momento en que tienes que aprender a distinguir tu vida de la de los que te rodean… no es lo mismo, no hay por qué mezclarlo.
Ayer con unas amigas, de cañas por Santiago, en un pub con la música perfecta para mí, no necesitaba más para sonreír. Y es que es así de simple: si quieres a alguien luchas con uñas y dientes por estar a su lado, por no fallarle y por hacerle feliz; si no tienes un problema serio no hay razón para estar siempre descontento, todos tenemos un día malo, pero no tiene por qué ser un día eterno; si no te gusta tu vida, haz algo por cambiarla, y sino, no te quejes joder.
Así que no, mañana no me quedaré en casa, no cogeré el móvil para mandar ese mensaje que esta vez no debería mandar yo y no dejaré que me contagien esa infelicidad generalizada, ese cansancio de una vida a penas a medio vivir, esa tontería innecesaria de quien no aprecia lo que tiene.
Por tanto, si chocar con mi realidad me sirve para llegar a todas esas conclusiones; bienvenida realidad.
De modo que en 2011, la noche del ocho de abril, la realidad era el enemigo. Cuando te peleas con tu ex (que resulta ser también tu mejor amiga) y esta no hace nada por arreglarlo tras un día sin hablar, chocas con la realidad. Cuando te afecta en exceso casi todo lo que pasa, por pequeño y tonto que sea, chocas con la realidad. Cuando tu mejor amigo parece estar siempre mal, incluso cuando está contigo, y no te cuenta por qué, chocas con la realidad.
Yo hoy me enfrento a todo ello.
Pero tal vez era necesario que todo se desencadenase de este modo para comprender que la vida no dura para siempre, que si los que están a tu alrededor se empeñan en estar mal o en no disfrutar o en no arreglar las cosas, allá ellos. Tal vez llega un momento en que tienes que aprender a distinguir tu vida de la de los que te rodean… no es lo mismo, no hay por qué mezclarlo.
Ayer con unas amigas, de cañas por Santiago, en un pub con la música perfecta para mí, no necesitaba más para sonreír. Y es que es así de simple: si quieres a alguien luchas con uñas y dientes por estar a su lado, por no fallarle y por hacerle feliz; si no tienes un problema serio no hay razón para estar siempre descontento, todos tenemos un día malo, pero no tiene por qué ser un día eterno; si no te gusta tu vida, haz algo por cambiarla, y sino, no te quejes joder.
Así que no, mañana no me quedaré en casa, no cogeré el móvil para mandar ese mensaje que esta vez no debería mandar yo y no dejaré que me contagien esa infelicidad generalizada, ese cansancio de una vida a penas a medio vivir, esa tontería innecesaria de quien no aprecia lo que tiene.
Por tanto, si chocar con mi realidad me sirve para llegar a todas esas conclusiones; bienvenida realidad.
jueves, 31 de marzo de 2011
París y tú
Un viaje. Verano. Lyon, Avignon, Estrasburgo, París. Una primera conversación. Un primer momento a solas. Me contaste tu versión y la creí; te creí desde el minuto cero. Te ayudé a intentar arreglarlo porque tu cara reflejaba tristeza cada vez que la miraba. Pero luego no sabía si querías arreglarlo… La primera decepción (esa vez equivocada). Risas. Lágrimas. Alcohol. La ceniza quemando la manta, torpeza de quien en realidad no fuma. ¿Te quería ya entonces? No entiendo si no por qué me dolió tanto… Te diste cuenta de que lloraba y tiraste mi cigarrillo por la ventana. Me dijiste la verdad. Te conté que había algo que me hacía diferente. Durante un segundo estuviste a punto de convertirte en la primera persona… pero me callé. Me abrazaste antes de dormir. Soledad. Peleas. Incomprensión. Incomodidad. Rabia hacia mis propias amigas. Intenté ignorarlo todo y me quedé a tu lado. Estuve siempre ahí. En algún momento dejaste de darte cuenta o dejó de importarte. No quise verlo. Ahora ya todo iba bien para ti. Preguntaste. Dudé. Finalmente te lo susurré al oído mientras cruzábamos un puente. Hablamos de ello; yo por primera vez. Tengo esa imagen grabada en mi mente ¿la olvidaré algún día? ¿Quiero olvidarla? El Sena, Disneyland, El Arco del triunfo, Los campos Elíseos, el barrio latino, Notre Dame, La Torre Eiffel… París. ¡Por fin! Creo que me di cuenta en París, pero tampoco quise verlo. Ignoré las señales. Debí dejarlo en París. Debí quedarme en París.
lunes, 21 de marzo de 2011
Predicción sobre mi vida, by Alan
Tu próxima novia va a ser cajera de una droguería… de Avenida, concretamente. Pero bueno…no durareis mucho.
Pero la importante será la siguiente. Os conoceréis cuando tengas veintidós y estaréis juntas cinco años. Iréis en serio e incluso hablareis de adoptar, pero ella morirá antes de que podáis hacerlo.
Luego tendrás otras dos parejas, pero bah, nada importante, unos mesillos de nada, porque no habrás superado la muerte de la anterior.
Y a la última la conocerás con 34 y serás feliz…
Pero a los 40 tendréis un accidente, os atropellará un camión. Ella morirá, tú no. Pero te quedarás paralítica. Y te practicarás una eutanasia…
Que por supuesto, seguirá siendo ilegal.
(Después de mi cara de póquer)
No te quejes…yo muero a los 19 de un infarto.
………
Contestación: Ya tienes 19….
El: Ya, moriré en Julio…
Yo pensando: ya sé quien se fumó algo antes de venir
Pero la importante será la siguiente. Os conoceréis cuando tengas veintidós y estaréis juntas cinco años. Iréis en serio e incluso hablareis de adoptar, pero ella morirá antes de que podáis hacerlo.
Luego tendrás otras dos parejas, pero bah, nada importante, unos mesillos de nada, porque no habrás superado la muerte de la anterior.
Y a la última la conocerás con 34 y serás feliz…
Pero a los 40 tendréis un accidente, os atropellará un camión. Ella morirá, tú no. Pero te quedarás paralítica. Y te practicarás una eutanasia…
Que por supuesto, seguirá siendo ilegal.
(Después de mi cara de póquer)
No te quejes…yo muero a los 19 de un infarto.
………
Contestación: Ya tienes 19….
El: Ya, moriré en Julio…
Yo pensando: ya sé quien se fumó algo antes de venir
viernes, 18 de marzo de 2011
Carta al abuelo
A lo largo de nuestras vidas permanecerán imborrables los recuerdos, las vivencias, los instantes con el abuelo Manolo.
Siempre recordaré sus historias, que nos contaba siempre con la misma ilusión que la primera vez que las oímos, con la misma añoranza.
Relataba como siendo un niño de apenas diez años, escapó de su querida Talavera de la Reina, donde nació en 1925, huyendo de las bombas que caían sobre la ciudad al estallar la guerra civil; como permaneció dos años en un pueblo de la zona republicana, sin que su familia supiese nada de su paradero, hasta que un conocido lo identificó y pudo trasladarlo a la zona nacional, metiéndolo en un cajón de madera que servía de transporte, descolgado en una especie de tirolina sobre el río Tajo.
Nos contaba que había sido número uno de su promoción de educación física. Se emocionaba al hablar del instituto de Pontevedra, en el que fue profesor durante muchos años, logrando que éste se proclamara Campeón Nacional de Gimnasia en el 57.
Nos hablaba de otra de sus grandes pasiones, el balonmano, y de cómo dos pequeños y modestos clubes como eran el club Cisne (del que fue fundador y presidente durante muchos años) y el Teucro, habían conseguido alcanzar un alto nivel.
Siempre recordaré como nos enseñaba sus medallas, las fotografías de deportistas o de las instalaciones del Estadio de la Juventud, así como de esa casa en ruinas que compraron en Parada y que arreglaron para convertirla en la que sería durante muchos años su casa de veraneo.
William Shakespeare escribió que “el hombre viejo es dos veces niño”. Y yo eso lo veía claramente en mi abuelo, que siempre nos transmitía esa ilusión infantil con sus historias, o cuando nos daba caramelos, nos dejaba su caja de pinturas para dibujar o nos hablaba de su ciudad natal.
Todos esos relatos nos causaban admiración por el abuelo, pero cuando nos hicimos mayores la admiración se tornó todavía mayor, por haber sigo “grande” de corazón, “fuerte” para cuidarnos a todos, “valiente” para afrontar la vida con nosotros con sus alegrías y sus penas, pero siempre a nuestro lado, y “generoso” por habernos dedicado su vida.
Él nos acompañaba al colegio, nos dedicaba horas, compartía nuestros juegos, nuestras celebraciones, nuestras ilusiones cada Navidad…nos ayudaba si algo iba mal y siempre nos intentaba hacer reír.
Fueron tantos los momentos compartidos, las enseñanzas y consejos recibidos de él a los largo de nuestras vidas… tanto su amor y cariño hacia nosotros, que solo podemos decirte:
“Gracias, gracias por todo abuelo”
Siempre recordaré sus historias, que nos contaba siempre con la misma ilusión que la primera vez que las oímos, con la misma añoranza.
Relataba como siendo un niño de apenas diez años, escapó de su querida Talavera de la Reina, donde nació en 1925, huyendo de las bombas que caían sobre la ciudad al estallar la guerra civil; como permaneció dos años en un pueblo de la zona republicana, sin que su familia supiese nada de su paradero, hasta que un conocido lo identificó y pudo trasladarlo a la zona nacional, metiéndolo en un cajón de madera que servía de transporte, descolgado en una especie de tirolina sobre el río Tajo.
Nos contaba que había sido número uno de su promoción de educación física. Se emocionaba al hablar del instituto de Pontevedra, en el que fue profesor durante muchos años, logrando que éste se proclamara Campeón Nacional de Gimnasia en el 57.
Nos hablaba de otra de sus grandes pasiones, el balonmano, y de cómo dos pequeños y modestos clubes como eran el club Cisne (del que fue fundador y presidente durante muchos años) y el Teucro, habían conseguido alcanzar un alto nivel.
Siempre recordaré como nos enseñaba sus medallas, las fotografías de deportistas o de las instalaciones del Estadio de la Juventud, así como de esa casa en ruinas que compraron en Parada y que arreglaron para convertirla en la que sería durante muchos años su casa de veraneo.
William Shakespeare escribió que “el hombre viejo es dos veces niño”. Y yo eso lo veía claramente en mi abuelo, que siempre nos transmitía esa ilusión infantil con sus historias, o cuando nos daba caramelos, nos dejaba su caja de pinturas para dibujar o nos hablaba de su ciudad natal.
Todos esos relatos nos causaban admiración por el abuelo, pero cuando nos hicimos mayores la admiración se tornó todavía mayor, por haber sigo “grande” de corazón, “fuerte” para cuidarnos a todos, “valiente” para afrontar la vida con nosotros con sus alegrías y sus penas, pero siempre a nuestro lado, y “generoso” por habernos dedicado su vida.
Él nos acompañaba al colegio, nos dedicaba horas, compartía nuestros juegos, nuestras celebraciones, nuestras ilusiones cada Navidad…nos ayudaba si algo iba mal y siempre nos intentaba hacer reír.
Fueron tantos los momentos compartidos, las enseñanzas y consejos recibidos de él a los largo de nuestras vidas… tanto su amor y cariño hacia nosotros, que solo podemos decirte:
“Gracias, gracias por todo abuelo”
jueves, 17 de marzo de 2011
Cartas
- Te escribí una carta - le dije a la persona que tenía delante. Llevábamos tres años sin hablar a solas, no así, no de "nosotras". Siempre habíamos mantenido una barrera de seguridad para evitar ese, o cualquier otro tema, que pudiera transportarnos a ese verano, otoño e invierno del 2010, cualquier tema que pudiese derribar la barrera que nos protegía de mostrarnos vulnerables.
- No recibí ninguna carta - dijo ella.
No supe si creerla. Ya no conocía a aquella chica, o no de la forma en que lo había hecho. Tal vez era cierto y la carta nunca llegó a su destino. Tal vez no quiso abrirla y ahora me estaba mintiendo. O, quizás, prefería ignorar lo que en ella le decía.
Pero, fuera cual fuera la respuesta correcta ya daba igual. Había pasado demasiado tiempo. Era cierto que durante esos tres años yo no había dejado de esperar una respuesta o una reacción a aquella carta. Pero eso no cambiaba el hecho de que, durante todo ese tiempo, ella no había luchado ni una sola vez por recuperar lo que teníamos. Por mucho que yo lo esperaba, nunca había aparecido en mi puerta sorprendiéndome, nunc ahabía venido a recogerme a la estación, nunca había llamado para decir un simple "te echo de menos". Esperé y esperé... pero llega un momento en que, dejas de hacerlo. Ella había seguido con su vida por su cuenta, para bien o para mal, no lo sé... y ahora me tocaba a mí hacer lo mismo.
La quise mucho, sí, pero eso no lo es todo en la vida y tal vez esa conversación llegaba ya demasiado tarde. Dos años, once mes y treinta días tarde... porque al día siguiente de nuestra separación, antes incluso de mandar aquella carta, yo ya sabía que creía que cometíamos un error, yo ya quería volver. Tres años es demasiado tiempo esperando, pero es mejor que esperar toda una vida. Fue entonces cuando me di cuenta.
- ¿Qué ponía la carta? - dijo ella con esa voz que yo tanto había adorado, con esa voz que escondía mucho, esa mezcla de una niña víctima de la vida y una mujer culpable de sus propias decisiones.
- Que me iba de Erasmus - mentí. ¿Para qué decir la verdad a estas alturas? Era momento de cerrar heridas, no de volver a abrirlas.
Nos estábamos despidiendo, entre los recuerdos de un pasado que se habría merecido un futuro, entre la estela de las lágrimas que perdimos, entre el eco de las promesas que nunca llegamos a cumplir, pero, también, entre el recuerdo de los buenos momentos compartidos. Tres años después mi corazón decía adiós, aunque lo cierto es que nunca quiso hacerlo.
Vi como ella se levantaba de su silla y se acercaba a darme un beso en la mejilla. Ya no usaba el mismo perfume. Ya no era mi Wendy.
Nunca llegó a saber que decía aquella carta de verdad.
- No recibí ninguna carta - dijo ella.
No supe si creerla. Ya no conocía a aquella chica, o no de la forma en que lo había hecho. Tal vez era cierto y la carta nunca llegó a su destino. Tal vez no quiso abrirla y ahora me estaba mintiendo. O, quizás, prefería ignorar lo que en ella le decía.
Pero, fuera cual fuera la respuesta correcta ya daba igual. Había pasado demasiado tiempo. Era cierto que durante esos tres años yo no había dejado de esperar una respuesta o una reacción a aquella carta. Pero eso no cambiaba el hecho de que, durante todo ese tiempo, ella no había luchado ni una sola vez por recuperar lo que teníamos. Por mucho que yo lo esperaba, nunca había aparecido en mi puerta sorprendiéndome, nunc ahabía venido a recogerme a la estación, nunca había llamado para decir un simple "te echo de menos". Esperé y esperé... pero llega un momento en que, dejas de hacerlo. Ella había seguido con su vida por su cuenta, para bien o para mal, no lo sé... y ahora me tocaba a mí hacer lo mismo.
La quise mucho, sí, pero eso no lo es todo en la vida y tal vez esa conversación llegaba ya demasiado tarde. Dos años, once mes y treinta días tarde... porque al día siguiente de nuestra separación, antes incluso de mandar aquella carta, yo ya sabía que creía que cometíamos un error, yo ya quería volver. Tres años es demasiado tiempo esperando, pero es mejor que esperar toda una vida. Fue entonces cuando me di cuenta.
- ¿Qué ponía la carta? - dijo ella con esa voz que yo tanto había adorado, con esa voz que escondía mucho, esa mezcla de una niña víctima de la vida y una mujer culpable de sus propias decisiones.
- Que me iba de Erasmus - mentí. ¿Para qué decir la verdad a estas alturas? Era momento de cerrar heridas, no de volver a abrirlas.
Nos estábamos despidiendo, entre los recuerdos de un pasado que se habría merecido un futuro, entre la estela de las lágrimas que perdimos, entre el eco de las promesas que nunca llegamos a cumplir, pero, también, entre el recuerdo de los buenos momentos compartidos. Tres años después mi corazón decía adiós, aunque lo cierto es que nunca quiso hacerlo.
Vi como ella se levantaba de su silla y se acercaba a darme un beso en la mejilla. Ya no usaba el mismo perfume. Ya no era mi Wendy.
Nunca llegó a saber que decía aquella carta de verdad.
jueves, 10 de marzo de 2011
La espera
Aquella noche del 4 de Julio, cuando vi una estrella fugaz, pedí un deseo. El mismo que pedía cada vez que soplaba las velas de mi tarta de cumpleaños, cada año. El mismo que deseé cuando lancé una moneda a la Fontana de Trevi, cuando me dieron un trébol de cuatro hojas, cada vez que me caía una pestaña y en cada carta secreta a los reyes magos que nunca entregué.
Pero aquella noche era distinta, aquella noche era consciente de que el sueño podía hacerse realidad; podía significar el comienzo de una historia o el final de algo que ni si quiera había empezado.
Cuando era pequeña solía pensar que si me concentraba y deseaba algo con mucha fuerza, al final, se haría realidad. ¿Qué pasó luego? La vida.
Pero aquella noche, a solas sobre esa manta en el césped de un parque repleto de gente, volví a intentarlo, volví a cerrar los ojos e imaginar lo que quería que sucediera.
Fue entonces cuando, con los ojos cerrados, recordé en un segundo todos esos meses a su lado. Nos presentaron tiempo atrás, pero por una razón o por otra no había logrado hablar con ella de verdad hasta abril. Suena a locura, porque apenas nos conocíamos, porque de hecho en esa época era otra quien tenía mi plena atención, pero ese día por alguna razón supe que había algo. No sé explicarlo, simplemente sentía que quería más de aquello, que estaba cómoda, que sentía un calor que no era sinónimo de calentura sino de calidez. Poco a poco, ese verano, se fue ganando un hueco en mi vida o yo en la suya, no lo sé. Estuvo ahí como amiga cuando más la necesité y compartió conmigo cosas que prácticamente nadie más conoce. Me sentí afortunada, arropada, cuidada, incluso mimada… y de pronto ¡PUM! Me había ilusionado, y me di cuenta. Durante esos meses de agosto y septiembre intenté transmitirle cosas poco a poco, utilizando mi mejor arma: las palabras. Y un día, sin saber muy bien como, me di cuenta de que me estaba acariciando. ELLA: La dama de hierro, que jamás se enamoraba, que no dejaba que nadie se acercara lo suficiente para que llegaran a conocerla, que tenía una larga colección de ex parejas, que no de ex amantes. Porque no hay que confundir amante con pareja, el amor va más allá, el amor es otra cosa. Ella, que tenía una política de absoluto rechazo a las relaciones, me estaba acariciando. Y entonces tuve miedo, porque recordé las dos experiencias anteriores, porque yo ya sabía lo que era confundirse con una amiga, que te dieran falsas esperanzas, que te hicieran daño. Yo no quería eso, definitivamente. Pero ¿y ella? ¿qué buscaba ella?
Durante un tiempo fingió incredulidad, fingió que no se daba cuenta de hasta qué punto me había abierto su corazón. Pero fui firme, le dije lo que sentía, mil veces. Esperé. Fui paciente y solo ella sabe hasta qué punto. Me sentía vulnerable otra vez, pero me daba igual, por tercera vez iba a abrirme a otra persona, aún sabiendo que podía salir herida, aún sabiendo que hasta mis amigos me aconsejaban que no me arriesgara que no iba a ser fácil con ella.
Y entonces llegó ese día. Ayer le pedí que, si de verdad quería empezar algo conmigo, si de verdad me quería, viniera hoy aquí, para ver los fuegos conmigo.
Y aquí estoy, sola. Faltan 5 minutos para que comiencen y estoy temblando, por si no viene y por si lo hace. Cinco minutos parecen poco, pero llevo esperando toda una vida. Oigo los ruidos de las familias, niños impacientes presionando a sus padres, padres que se besan, charlan o esperan en silencio. Y me pregunto si algún día yo tendré todo eso.
Mantengo los ojos cerrados un poco más y reservo mis últimos atisbos de energía, como hacía cuando era pequeña, para desear con toda la fuerza posible que ella venga.
Oigo el primer fuego artificial estallando en el aire. Durante un instante creo que mi corazón volverá a romperse.
Entonces abro los ojos.
Y ahí está ella. Sonriéndome con su cazadora negra con capucha. Nerviosa. Dulce.
Sonrío.
Me acuerdo entonces de todas las velas, los tréboles, las monedas, las cartas y las pestañas. Me acuerdo de esa última estrella fugaz.
Y sé que por una vez mi deseo ha sido concedido.
Y doy gracias, no sé bien a quien, pero lo hago, porque en la vida me han enseñado que siempre hay que dar las gracias.
Ella se acerca en silencio y se sienta a mi lado para ver los fuegos.
Estiro la mano y rozo la suya. Y no necesito nada más, se que saldrá bien, sé que pienso intentarlo todo para que ella siempre vuelva ese día a esa hora, sé que siempre habrá fuegos artificiales.
……
Cinco meses después sigo rozando su mano, sigo sonriendo y sigo escuchando esos fuegos.
Pero aquella noche era distinta, aquella noche era consciente de que el sueño podía hacerse realidad; podía significar el comienzo de una historia o el final de algo que ni si quiera había empezado.
Cuando era pequeña solía pensar que si me concentraba y deseaba algo con mucha fuerza, al final, se haría realidad. ¿Qué pasó luego? La vida.
Pero aquella noche, a solas sobre esa manta en el césped de un parque repleto de gente, volví a intentarlo, volví a cerrar los ojos e imaginar lo que quería que sucediera.
Fue entonces cuando, con los ojos cerrados, recordé en un segundo todos esos meses a su lado. Nos presentaron tiempo atrás, pero por una razón o por otra no había logrado hablar con ella de verdad hasta abril. Suena a locura, porque apenas nos conocíamos, porque de hecho en esa época era otra quien tenía mi plena atención, pero ese día por alguna razón supe que había algo. No sé explicarlo, simplemente sentía que quería más de aquello, que estaba cómoda, que sentía un calor que no era sinónimo de calentura sino de calidez. Poco a poco, ese verano, se fue ganando un hueco en mi vida o yo en la suya, no lo sé. Estuvo ahí como amiga cuando más la necesité y compartió conmigo cosas que prácticamente nadie más conoce. Me sentí afortunada, arropada, cuidada, incluso mimada… y de pronto ¡PUM! Me había ilusionado, y me di cuenta. Durante esos meses de agosto y septiembre intenté transmitirle cosas poco a poco, utilizando mi mejor arma: las palabras. Y un día, sin saber muy bien como, me di cuenta de que me estaba acariciando. ELLA: La dama de hierro, que jamás se enamoraba, que no dejaba que nadie se acercara lo suficiente para que llegaran a conocerla, que tenía una larga colección de ex parejas, que no de ex amantes. Porque no hay que confundir amante con pareja, el amor va más allá, el amor es otra cosa. Ella, que tenía una política de absoluto rechazo a las relaciones, me estaba acariciando. Y entonces tuve miedo, porque recordé las dos experiencias anteriores, porque yo ya sabía lo que era confundirse con una amiga, que te dieran falsas esperanzas, que te hicieran daño. Yo no quería eso, definitivamente. Pero ¿y ella? ¿qué buscaba ella?
Durante un tiempo fingió incredulidad, fingió que no se daba cuenta de hasta qué punto me había abierto su corazón. Pero fui firme, le dije lo que sentía, mil veces. Esperé. Fui paciente y solo ella sabe hasta qué punto. Me sentía vulnerable otra vez, pero me daba igual, por tercera vez iba a abrirme a otra persona, aún sabiendo que podía salir herida, aún sabiendo que hasta mis amigos me aconsejaban que no me arriesgara que no iba a ser fácil con ella.
Y entonces llegó ese día. Ayer le pedí que, si de verdad quería empezar algo conmigo, si de verdad me quería, viniera hoy aquí, para ver los fuegos conmigo.
Y aquí estoy, sola. Faltan 5 minutos para que comiencen y estoy temblando, por si no viene y por si lo hace. Cinco minutos parecen poco, pero llevo esperando toda una vida. Oigo los ruidos de las familias, niños impacientes presionando a sus padres, padres que se besan, charlan o esperan en silencio. Y me pregunto si algún día yo tendré todo eso.
Mantengo los ojos cerrados un poco más y reservo mis últimos atisbos de energía, como hacía cuando era pequeña, para desear con toda la fuerza posible que ella venga.
Oigo el primer fuego artificial estallando en el aire. Durante un instante creo que mi corazón volverá a romperse.
Entonces abro los ojos.
Y ahí está ella. Sonriéndome con su cazadora negra con capucha. Nerviosa. Dulce.
Sonrío.
Me acuerdo entonces de todas las velas, los tréboles, las monedas, las cartas y las pestañas. Me acuerdo de esa última estrella fugaz.
Y sé que por una vez mi deseo ha sido concedido.
Y doy gracias, no sé bien a quien, pero lo hago, porque en la vida me han enseñado que siempre hay que dar las gracias.
Ella se acerca en silencio y se sienta a mi lado para ver los fuegos.
Estiro la mano y rozo la suya. Y no necesito nada más, se que saldrá bien, sé que pienso intentarlo todo para que ella siempre vuelva ese día a esa hora, sé que siempre habrá fuegos artificiales.
……
Cinco meses después sigo rozando su mano, sigo sonriendo y sigo escuchando esos fuegos.
lunes, 28 de febrero de 2011
Los 18. ¡Menudo año…!
Empezó como suelen hacerlo todos mis cumpleaños: con sorpresas, añoranzas, deseos, recuerdos, felicitaciones, ausencias y planes de futuro.
Aún recuerdo los regalos del año pasado cuando abro ahora los de éste; distintos papeles, distintas personas (en ocasiones), la misma ilusión siempre al rasgar los envoltorios. El año pasado mis dos mejores amigos de entonces se decantaron por regalarme un libro de Moccia y el Cd de Britney, mientras que un duende rubio me sorprendió con una carta y un dibujo, otra persona con una sonrisa y una abrazo me hizo la mujer más feliz del mundo.
Eran otros tiempos. Algunas personas se fueron, otras llegaron y algunos siguen ahí desde entonces.
Es imposible resumir el año más importante de mi vida en unas frases…. Así que intentaré ser breve. En estos 365 días…
Viví mi primer año como adulta…o al menos como mayor de edad.
Lloré en Santa Cata, aunque también reí.
Me confesé antes la chica que, con el tiempo, resultaría ser más que una amiga.
Me atracaron. Aunque al menos en buena compañía.
Me enamoré…dos veces… y una salió (y sale) bien.
Aprobé selectividad y dije adiós, con cierto e increíble pesar (quién me lo iba a decir hace unos años?), al instituto.
Escribí un libro CASI entero. http://redroom17.blogspot.com/ y cree el otro blog.
San Juan corriendo por la arena con Pam.
Fui a Tenerife.
Me enganché a glee. http://www.youtube.com/watch?v=Xp7ARm2Lwdo
España ganó el mundial y lo celebré con mi madre y mi hermano en las calles repletas de Tenerife. Ver a mi madre gritarle al árbitro en la sala de un hotel, entre un montón de guiris…no tiene precio.
Me despedí de Darena, no sin antes sufrir de lo lindo. Pero conseguí salvar una amistad.
Encontré a Wendy.
Y me acerqué más aún a Alan.
Por primera vez hice planes de futuro realmente serios con alguien.
Viví el mejor verano que recuerdo: fiesta, tiempo libre, carabás, peñas, borracheras, sol, atracciones, ELLA, comidas en la aldea en familia… Incluso di mi primer beso a una chica. Un juego. Divertido, fugaz, en cierta forma buscado. Pero ahora sé que debería haber esperado a que fuera con Wendy.
Afronté el 6 de Agosto, que me pilló por sorpresa. ¿Cómo decirles a tus padres algo que sabes que cambia tu vida y que puede afectarles? No hubo tiempo de pensarlo, los acontecimientos se sucedieron, y de pronto me encontré pensando: I’m coming out. Decepciones y sorpresas para bien. Pero al final todo fue para mejor.
Y llegó septiembre… Mudanzas, despedidas y cierto miedo ante lo nuevo: la uni. Esperiencia traumática ver Toy Story 3 a pocos días de irse.
Nuevas caras, nuevas conversaciones, nueva ciudad y nueva rutina. La vida había cambiado, aún no sé si para bien.
Eché de menos a los que no viven aquí…intensamente y con frecuencia (Mamá, Papá, Álex, W), pero aprendí a pasarlo bien a pesar de ello.
Conocí nuevos sitios que se hicieron NUESTROS (hola pam =)).
Y aprendí que el mejor momento del mundo es ese en el que vuelvo a casa con la maleta llena de momentos vividos por la semana y abrazo a mi madre y a mi hermano antes de disponerme a abrirla y compartir con ellos su interior.
Nadie ha creado más polémica durante este tiempo que Lady gaga, ni me ha hecho bailar tanto:
http://www.youtube.com/watch?v=wV1FrqwZyKw
Fue el año de la madurez…en muchos sentidos. Pero también el de la sana locura juvenil e ilusión infantil.
Cometí errores, alguno demasiado grande, sobre todo por la persona a la que hice daño. Aunque, creo, que también tuve aciertos.
El año de “Speak Now”, Cd de Taylor swift que incluye 3 canciones que recordaré de forma especial, siempre: “Back to december” por esos errores que cometí y desearía poder enmendar, “Never grow up” por lo que el propio título dice y por el momento en que la compartí con Pam el sábado y “Long live” porque es simplemente increíble… y porque no hay estrofa que me haga llorar más que ésta:
And you take a moment
Promise me this:
That you'll stand by me forever
But if God forbid fate should step in
And force us into a goodbye
If you have children someday
When they point to the pictures
Please tell them my name
Tell them how the crowds went wild
Tell them how I hope they shine
Fiesta en la aldea de Pam: mario car, bebida, risas, besos y una noche que se mezcló con la perfecta madrugada.
Un susto familiar, de alguien que además ocupa un espacio preferente en mi corazón.
Un gran fin de año. Y un gran comienzo, al lado de aquellos con los que sabía que pasaría el resto de los meses.
Y llegó enero, y con él los finales. Tensión. Dudas. Cafés, Burn y horas de estrés. Y ¡pum! Lo peor había pasado. Tocaba esperar.
Enero acabó de la misma forma que empezó febrero, conmigo mirando la pantalla del móvil cada hora punta, esperando a uscnotas. Pero, finalmente, todo bien. Por ahora iba limpia a Julio.
Fue el primer año de una vida (como periodista, si Dios quiere).
Febrero transcurrió con un raro San Valentín, el comienzo de un nuevo cuatrimestre y acababa con el cumple de mi mejor amigo, al que tengo que agradecer un año de plena dedicación, al que mi madre adora y con el que, algún día, iré a California… aunque probablemente aún no sea este año.
Cumplí 4 meses, casi 5 de relación…. Iba a decir estable pero…. Ambas sabemos que no es la palabra que mejor nos define… así que lo dejaré en relación que me hace plenamente feliz.
Salí prácticamente todos los sábados que me mantenía en pie, y algún que otro jueves (miércoles, martes, viernes…al final el día empezó a dar igual xD) Y éste último sábado se resume en:
http://cartasaneverland.blogspot.com/2011/02/noche-de-sorpresas.html
Solo puedo dar las gracias a todo el que compartió, de una u otra forma, alguna parte de éste camino. Y esperar que los 19 sean, al menos, la mitad de buenos que los 18. Doy las gracias de nuevo por todos los regalos, especialmente por el de mi hermano, un sin fi nde recuerdos desde pequeños hasta hoy; el de Pam, una recopilación de canciones y de momentos; el de W, la esperanza y, sobre todo, el de mis pas, que me dieron el mejor regalo de todos, la vida.
Aún recuerdo los regalos del año pasado cuando abro ahora los de éste; distintos papeles, distintas personas (en ocasiones), la misma ilusión siempre al rasgar los envoltorios. El año pasado mis dos mejores amigos de entonces se decantaron por regalarme un libro de Moccia y el Cd de Britney, mientras que un duende rubio me sorprendió con una carta y un dibujo, otra persona con una sonrisa y una abrazo me hizo la mujer más feliz del mundo.
Eran otros tiempos. Algunas personas se fueron, otras llegaron y algunos siguen ahí desde entonces.
Es imposible resumir el año más importante de mi vida en unas frases…. Así que intentaré ser breve. En estos 365 días…
Viví mi primer año como adulta…o al menos como mayor de edad.
Lloré en Santa Cata, aunque también reí.
Me confesé antes la chica que, con el tiempo, resultaría ser más que una amiga.
Me atracaron. Aunque al menos en buena compañía.
Me enamoré…dos veces… y una salió (y sale) bien.
Aprobé selectividad y dije adiós, con cierto e increíble pesar (quién me lo iba a decir hace unos años?), al instituto.
Escribí un libro CASI entero. http://redroom17.blogspot.com/ y cree el otro blog.
San Juan corriendo por la arena con Pam.
Fui a Tenerife.
Me enganché a glee. http://www.youtube.com/watch?v=Xp7ARm2Lwdo
España ganó el mundial y lo celebré con mi madre y mi hermano en las calles repletas de Tenerife. Ver a mi madre gritarle al árbitro en la sala de un hotel, entre un montón de guiris…no tiene precio.
Me despedí de Darena, no sin antes sufrir de lo lindo. Pero conseguí salvar una amistad.
Encontré a Wendy.
Y me acerqué más aún a Alan.
Por primera vez hice planes de futuro realmente serios con alguien.
Viví el mejor verano que recuerdo: fiesta, tiempo libre, carabás, peñas, borracheras, sol, atracciones, ELLA, comidas en la aldea en familia… Incluso di mi primer beso a una chica. Un juego. Divertido, fugaz, en cierta forma buscado. Pero ahora sé que debería haber esperado a que fuera con Wendy.
Afronté el 6 de Agosto, que me pilló por sorpresa. ¿Cómo decirles a tus padres algo que sabes que cambia tu vida y que puede afectarles? No hubo tiempo de pensarlo, los acontecimientos se sucedieron, y de pronto me encontré pensando: I’m coming out. Decepciones y sorpresas para bien. Pero al final todo fue para mejor.
Y llegó septiembre… Mudanzas, despedidas y cierto miedo ante lo nuevo: la uni. Esperiencia traumática ver Toy Story 3 a pocos días de irse.
Nuevas caras, nuevas conversaciones, nueva ciudad y nueva rutina. La vida había cambiado, aún no sé si para bien.
Eché de menos a los que no viven aquí…intensamente y con frecuencia (Mamá, Papá, Álex, W), pero aprendí a pasarlo bien a pesar de ello.
Conocí nuevos sitios que se hicieron NUESTROS (hola pam =)).
Y aprendí que el mejor momento del mundo es ese en el que vuelvo a casa con la maleta llena de momentos vividos por la semana y abrazo a mi madre y a mi hermano antes de disponerme a abrirla y compartir con ellos su interior.
Nadie ha creado más polémica durante este tiempo que Lady gaga, ni me ha hecho bailar tanto:
http://www.youtube.com/watch?v=wV1FrqwZyKw
Fue el año de la madurez…en muchos sentidos. Pero también el de la sana locura juvenil e ilusión infantil.
Cometí errores, alguno demasiado grande, sobre todo por la persona a la que hice daño. Aunque, creo, que también tuve aciertos.
El año de “Speak Now”, Cd de Taylor swift que incluye 3 canciones que recordaré de forma especial, siempre: “Back to december” por esos errores que cometí y desearía poder enmendar, “Never grow up” por lo que el propio título dice y por el momento en que la compartí con Pam el sábado y “Long live” porque es simplemente increíble… y porque no hay estrofa que me haga llorar más que ésta:
And you take a moment
Promise me this:
That you'll stand by me forever
But if God forbid fate should step in
And force us into a goodbye
If you have children someday
When they point to the pictures
Please tell them my name
Tell them how the crowds went wild
Tell them how I hope they shine
Fiesta en la aldea de Pam: mario car, bebida, risas, besos y una noche que se mezcló con la perfecta madrugada.
Un susto familiar, de alguien que además ocupa un espacio preferente en mi corazón.
Un gran fin de año. Y un gran comienzo, al lado de aquellos con los que sabía que pasaría el resto de los meses.
Y llegó enero, y con él los finales. Tensión. Dudas. Cafés, Burn y horas de estrés. Y ¡pum! Lo peor había pasado. Tocaba esperar.
Enero acabó de la misma forma que empezó febrero, conmigo mirando la pantalla del móvil cada hora punta, esperando a uscnotas. Pero, finalmente, todo bien. Por ahora iba limpia a Julio.
Fue el primer año de una vida (como periodista, si Dios quiere).
Febrero transcurrió con un raro San Valentín, el comienzo de un nuevo cuatrimestre y acababa con el cumple de mi mejor amigo, al que tengo que agradecer un año de plena dedicación, al que mi madre adora y con el que, algún día, iré a California… aunque probablemente aún no sea este año.
Cumplí 4 meses, casi 5 de relación…. Iba a decir estable pero…. Ambas sabemos que no es la palabra que mejor nos define… así que lo dejaré en relación que me hace plenamente feliz.
Salí prácticamente todos los sábados que me mantenía en pie, y algún que otro jueves (miércoles, martes, viernes…al final el día empezó a dar igual xD) Y éste último sábado se resume en:
http://cartasaneverland.blogspot.com/2011/02/noche-de-sorpresas.html
Solo puedo dar las gracias a todo el que compartió, de una u otra forma, alguna parte de éste camino. Y esperar que los 19 sean, al menos, la mitad de buenos que los 18. Doy las gracias de nuevo por todos los regalos, especialmente por el de mi hermano, un sin fi nde recuerdos desde pequeños hasta hoy; el de Pam, una recopilación de canciones y de momentos; el de W, la esperanza y, sobre todo, el de mis pas, que me dieron el mejor regalo de todos, la vida.
domingo, 27 de febrero de 2011
Noche de sorpresas
Puedes hacer mil planes sobre una noche, imaginarla una y otra vez en tu cabeza pensando en cada pequeño detalle posible de lo que crees que sucederá, recreándote en ellos… y al final, lo más probable es que casi nada sea como lo habías imaginado. Y tal vez en eso consista la vida en el fondo, en una sucesión de sorpresas y momentos inesperados, de decepciones y alegrías; tal vez nuestro porvenir en ésta dependa tan solo de nuestra capacidad para adaptarnos a lo que no vimos venir, a lo que nos pilló por sorpresa.
Y en general esa noche fue una sorpresa tras otra: empezando por una llamada a las 6 y pico de la tarde, que me invitaba a dejarme la garganta (ya perjudicada) jugando a la wii a interpretar los éxitos de nuestra serie preferida…. Noche que incluía fuegos artificiales, besos fugaces, un tour por mi habitación con invitados estelares, paseos de la mano con mi gbff, alcohol y más alcohol, flirteos de diversos hombres tanto con él como conmigo (¡¡no juego en vuestro equipo!!)… y que acabó, probablemente, con la mayor sorpresa de todas.
No sé él, pero yo a lo largo de la noche en algunos instantes me sentí un poco como en esa frase de Take That: “expendable soldiers, smiling at anything”. Pero ese es un sentimiento que apareció en mi vida hace mucho tiempo… y que últimamente creía haber superado. A veces se nos olvida que hay ciertos sentimientos, ciertas sensaciones, que nos acompañaran eternamente, no de forma permanente, pero sí en ciertos instantes. Y ese era uno de ellos.
Empezó siendo una noche de protagonismo compartido, entre él, que esa madrugada ya estaba de cumple, y yo, que no cruzo al umbral de los 19 hasta el martes. Y terminó siendo una noche de compartirlo todo él y yo. Y qué razón tenía, si no fuera por el sexo, seríamos perfectos el uno para el otro; lo que entonces no le dije y me viene ahora a la mente, es que tal vez nuestra perfección resida precisamente en eso, en que ningún sentimiento confuso y ninguna rabieta de celos perjudicarán nuestra relación.
Como escritora que intenta buscar un final para su libro he de decir que, a veces, la vida al igual que los libros te ofrece finales que nunca habías previsto. No esperaba acabar allí a las tres de la mañana, no esperaba rememorar nuestro último año de instituto y no esperaba que cierta(s) persona(s) no estuviera(n) con nosotros en ese final… pero tal vez incluso fue mejor así, más íntimo, más memorable, más entre él y yo. Espero que se lo pasara también como yo.
Salí de casa esa noche decidida a divertirme, independientemente de los contratiempos que se me fueran presentando. Y no fue un propósito fácil de seguir a veces, sobre todo porque como le dije a él ayer, hay ciertas personas de las que nunca te esperas decepciones y cuando llegan duelen más que las que otros te puedan causar. Pero también hay quien nos sorprendió para bien (creo que en esto ambos estaremos de acuerdo).
Cuando, cansados de un sitio en el que no queríamos estar, salimos de aquel pub, prácticamente fuimos de forma automática a la alameda, tal vez por experiencias pasadas que yo ni recuerdo, tal vez porque todo estaba predestinado a suceder así. Y de hecho, era demasiado irónico. Él y yo, en una noche importante como aquella, solos, delante de nuestro viejo instituto y algo piripis. Hay cierta parte que omitiré (espero que sepa de cuál hablo) pero que ahora que la analizo también tuvo cierto sentido, fue un poco como decirle al insti: jódete! Te he dejado atrás. O yo así lo sentí.
En fin, el caso es que nos sentamos y en algún momento se le ocurrió la brillante y recurrida idea de poner música, para ambientar, para darle vidilla al momento…. Pero se equivocó al escoger. Taylor Swift, por mucho que nos guste, no casa con juerga de sábado…. Y además, tocó nuestro punto débil al elegir la canción, acentuado por el transcurso de la noche, por nuestro estado emocional últimamente y por el alcohol. Apoyó la cabeza en mi pecho mientras yo le acariciaba la espalda y “Never grow up” empezó a sonar. Recuerdo que le dije, como previo aviso: tengo ganas de llorar. Y que asintió con la cabeza compartiendo el sentimiento. Y no sé quién empezó antes o cuál de los dos se dio cuenta en primer lugar de que el otro lloraba, pero de pronto ahí estábamos, ambos llorando… sin demasiado dramatismo, de forma calmada, como algo natural, tal vez hasta necesario ayer. Una frase me vino a la cabeza. Creo no haberla escuchado o leído en ninguna parte, así que supongo que fue la inspiración del momento. Y mientras alguna que otra lágrima mía caía sobre su pelo negro le dije: “Éste es el mejor final triste que podía haber imaginado”. Y aunque me encanta la frase, no sabía hasta qué punto estaba equivocada, porque lo pasé realmente bien después, porque esas dos horas solos allí serán algo que creo que nunca olvidaré.
No sé muy bien por qué lloraba él. Tampoco estoy del todo segura de por qué lo hacía yo. Pero a penas hablamos de ello, y no nos hizo falta, compartimos el silencio de una noche de febrero.
Hasta que se me ocurrió hacer una observación que no venía a cuento en absoluto; habían cambiado las farolas de enfrente del Valle. Gran dato sí señor (blame it on the alcohol). Y él, con sus aires de amigo buenazo, y caballero perfecto que cualquier mujer debería desear tener a pesar de que no pueda conseguirlo (él tampoco juega en vuestro equipo chicas), contestó: “Yo te seguiré queriendo…aunque cambien las farolas”. Y no supe si reír, llorar, abrazarle, decirle que nos fuéramos a casa, ir a pedir más chupitos o culpar al exceso de éstos.
Para acabar con el climax pesimista y algo deprimente decidió cambiar el motivo por el que se elegía la canción que sonaba: sí era bailable y más o menos nos sabíamos la letra, se ponía. Y así fue como se sucedieron canciones tan diversas como “Bad Romance”, “I need you now”, “Somebody to love”, “Gives you hell”, “Ciega sordomuda” y un largo etc. Las bailamos y cantamos a todo pulmón, en una alameda vacía en la que casi el único ruido era nuestra vida. Tuvimos algún que otro espectador involuntario que pasaba por allí, pero también nos daba igual…total pensarían que estábamos borrachos (y no sé él, pero yo aún no lo estaba lo bastante y por una vez tampoco me importó o pasé vergüenza).
Dos horas más tarde, cansados (física, mental y vocalmente) y a punto de dormirnos en uno de los bancos de piedra, decidimos marcharnos a casa. Eran las cinco am; una buena hora. Me agarró del brazo y nos dirigimos a mi portal.
Una vez allí saqué las llaves del bolso y abrí. Me giré en el umbral para despedirme, como siempre. Él me abrazó y, sin más, de forma espontánea me susurró al oído: “I had the time of my life…”
Y al unísono completamos la frase: “…fighting dragons with you”
Fue la despedida perfecta para una noche imborrable. Long live.
Y en general esa noche fue una sorpresa tras otra: empezando por una llamada a las 6 y pico de la tarde, que me invitaba a dejarme la garganta (ya perjudicada) jugando a la wii a interpretar los éxitos de nuestra serie preferida…. Noche que incluía fuegos artificiales, besos fugaces, un tour por mi habitación con invitados estelares, paseos de la mano con mi gbff, alcohol y más alcohol, flirteos de diversos hombres tanto con él como conmigo (¡¡no juego en vuestro equipo!!)… y que acabó, probablemente, con la mayor sorpresa de todas.
No sé él, pero yo a lo largo de la noche en algunos instantes me sentí un poco como en esa frase de Take That: “expendable soldiers, smiling at anything”. Pero ese es un sentimiento que apareció en mi vida hace mucho tiempo… y que últimamente creía haber superado. A veces se nos olvida que hay ciertos sentimientos, ciertas sensaciones, que nos acompañaran eternamente, no de forma permanente, pero sí en ciertos instantes. Y ese era uno de ellos.
Empezó siendo una noche de protagonismo compartido, entre él, que esa madrugada ya estaba de cumple, y yo, que no cruzo al umbral de los 19 hasta el martes. Y terminó siendo una noche de compartirlo todo él y yo. Y qué razón tenía, si no fuera por el sexo, seríamos perfectos el uno para el otro; lo que entonces no le dije y me viene ahora a la mente, es que tal vez nuestra perfección resida precisamente en eso, en que ningún sentimiento confuso y ninguna rabieta de celos perjudicarán nuestra relación.
Como escritora que intenta buscar un final para su libro he de decir que, a veces, la vida al igual que los libros te ofrece finales que nunca habías previsto. No esperaba acabar allí a las tres de la mañana, no esperaba rememorar nuestro último año de instituto y no esperaba que cierta(s) persona(s) no estuviera(n) con nosotros en ese final… pero tal vez incluso fue mejor así, más íntimo, más memorable, más entre él y yo. Espero que se lo pasara también como yo.
Salí de casa esa noche decidida a divertirme, independientemente de los contratiempos que se me fueran presentando. Y no fue un propósito fácil de seguir a veces, sobre todo porque como le dije a él ayer, hay ciertas personas de las que nunca te esperas decepciones y cuando llegan duelen más que las que otros te puedan causar. Pero también hay quien nos sorprendió para bien (creo que en esto ambos estaremos de acuerdo).
Cuando, cansados de un sitio en el que no queríamos estar, salimos de aquel pub, prácticamente fuimos de forma automática a la alameda, tal vez por experiencias pasadas que yo ni recuerdo, tal vez porque todo estaba predestinado a suceder así. Y de hecho, era demasiado irónico. Él y yo, en una noche importante como aquella, solos, delante de nuestro viejo instituto y algo piripis. Hay cierta parte que omitiré (espero que sepa de cuál hablo) pero que ahora que la analizo también tuvo cierto sentido, fue un poco como decirle al insti: jódete! Te he dejado atrás. O yo así lo sentí.
En fin, el caso es que nos sentamos y en algún momento se le ocurrió la brillante y recurrida idea de poner música, para ambientar, para darle vidilla al momento…. Pero se equivocó al escoger. Taylor Swift, por mucho que nos guste, no casa con juerga de sábado…. Y además, tocó nuestro punto débil al elegir la canción, acentuado por el transcurso de la noche, por nuestro estado emocional últimamente y por el alcohol. Apoyó la cabeza en mi pecho mientras yo le acariciaba la espalda y “Never grow up” empezó a sonar. Recuerdo que le dije, como previo aviso: tengo ganas de llorar. Y que asintió con la cabeza compartiendo el sentimiento. Y no sé quién empezó antes o cuál de los dos se dio cuenta en primer lugar de que el otro lloraba, pero de pronto ahí estábamos, ambos llorando… sin demasiado dramatismo, de forma calmada, como algo natural, tal vez hasta necesario ayer. Una frase me vino a la cabeza. Creo no haberla escuchado o leído en ninguna parte, así que supongo que fue la inspiración del momento. Y mientras alguna que otra lágrima mía caía sobre su pelo negro le dije: “Éste es el mejor final triste que podía haber imaginado”. Y aunque me encanta la frase, no sabía hasta qué punto estaba equivocada, porque lo pasé realmente bien después, porque esas dos horas solos allí serán algo que creo que nunca olvidaré.
No sé muy bien por qué lloraba él. Tampoco estoy del todo segura de por qué lo hacía yo. Pero a penas hablamos de ello, y no nos hizo falta, compartimos el silencio de una noche de febrero.
Hasta que se me ocurrió hacer una observación que no venía a cuento en absoluto; habían cambiado las farolas de enfrente del Valle. Gran dato sí señor (blame it on the alcohol). Y él, con sus aires de amigo buenazo, y caballero perfecto que cualquier mujer debería desear tener a pesar de que no pueda conseguirlo (él tampoco juega en vuestro equipo chicas), contestó: “Yo te seguiré queriendo…aunque cambien las farolas”. Y no supe si reír, llorar, abrazarle, decirle que nos fuéramos a casa, ir a pedir más chupitos o culpar al exceso de éstos.
Para acabar con el climax pesimista y algo deprimente decidió cambiar el motivo por el que se elegía la canción que sonaba: sí era bailable y más o menos nos sabíamos la letra, se ponía. Y así fue como se sucedieron canciones tan diversas como “Bad Romance”, “I need you now”, “Somebody to love”, “Gives you hell”, “Ciega sordomuda” y un largo etc. Las bailamos y cantamos a todo pulmón, en una alameda vacía en la que casi el único ruido era nuestra vida. Tuvimos algún que otro espectador involuntario que pasaba por allí, pero también nos daba igual…total pensarían que estábamos borrachos (y no sé él, pero yo aún no lo estaba lo bastante y por una vez tampoco me importó o pasé vergüenza).
Dos horas más tarde, cansados (física, mental y vocalmente) y a punto de dormirnos en uno de los bancos de piedra, decidimos marcharnos a casa. Eran las cinco am; una buena hora. Me agarró del brazo y nos dirigimos a mi portal.
Una vez allí saqué las llaves del bolso y abrí. Me giré en el umbral para despedirme, como siempre. Él me abrazó y, sin más, de forma espontánea me susurró al oído: “I had the time of my life…”
Y al unísono completamos la frase: “…fighting dragons with you”
Fue la despedida perfecta para una noche imborrable. Long live.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Buenas noches
Duerme bien, mi bella Wendy.
Mañana te espera un día nuevo.
El mundo entero descansa ahora.
Mañana te espera un día nuevo.
El mundo entero descansa ahora.
sábado, 12 de febrero de 2011
El comienzo
(escrito hace años)
Hoy he tenido un sueño extraño.
Pero lo más extraño es que seguía dándole vueltas, sin poder parar, durante todo el día. Supongo que es más fácil pensar en ello cuando no es real, cuando es solo un sueño.
¿Significan algo los sueños? ¿Se producen como respuesta a un estímulo de nuestro subconsciente o son solo casualidad?
Me asustó pensar que pese a lo raro del sueño y que al principio me sorprendió, fui más feliz en él que en el resto de mi vida.
He deseado tanto conocer la verdad, que ahora que cada día que pasa estoy más cerca de ella, no sé lo que haré cuando lo sepa.
Ll evo tanto tiempo deseando ser libre y guiarme siempre por mis sentimientos que olvidé, por un instante, por qué quería serlo.
¿Y si el sueño no es tan raro? ¿Y si es mi voz interior gritándome que abra los ojos y no baje los brazos? ¿Y si es un aviso de mi vida futura? ¿Podré, como en el sueño, dejarme llevar y ser feliz sin importarme lo que piensen los demás? ¿Estaré algún día a la altura de mis sueños?
Hoy he tenido un sueño extraño.
Pero lo más extraño es que seguía dándole vueltas, sin poder parar, durante todo el día. Supongo que es más fácil pensar en ello cuando no es real, cuando es solo un sueño.
¿Significan algo los sueños? ¿Se producen como respuesta a un estímulo de nuestro subconsciente o son solo casualidad?
Me asustó pensar que pese a lo raro del sueño y que al principio me sorprendió, fui más feliz en él que en el resto de mi vida.
He deseado tanto conocer la verdad, que ahora que cada día que pasa estoy más cerca de ella, no sé lo que haré cuando lo sepa.
Ll evo tanto tiempo deseando ser libre y guiarme siempre por mis sentimientos que olvidé, por un instante, por qué quería serlo.
¿Y si el sueño no es tan raro? ¿Y si es mi voz interior gritándome que abra los ojos y no baje los brazos? ¿Y si es un aviso de mi vida futura? ¿Podré, como en el sueño, dejarme llevar y ser feliz sin importarme lo que piensen los demás? ¿Estaré algún día a la altura de mis sueños?
miércoles, 9 de febrero de 2011
Menta
Cogí el cepillo verde de la taza del mismo color, cuidadosamente conjuntado por mi madre antes de mi traslado a Santiago; y empecé a lavarme los dientes.
Tal vez fue el sabor a menta en mi boca, no lo sé, pero me acordé de aquel día. Sí, ese en el que te piqué en la tienda amenazándote con que iba a comprar los chicles de menta y tú, orgullosa, me desafiaste con aire ausente y fingiendo que francamente te importaba un bledo. Aún recuerdo tus palabras: "compra lo que quieras". A lo que yo equiparandome a ti en chulería contesté: "Pues vale". Y, simplemente por hacerte rabiar, los compré.
Aún recuerdo que después te arrepentiste, al llegar al parque, e intestaste echarme la culpa a mí cuando ambas sabíamos, en el fondo, que todo se debía a tu cabezonería. Pero en fin, es otra cosa más de las que odio y amo de ti, al mismo tiempo.
Y luego me acordé de como te apartabas costantemente quejándote y como, a pesar de todo, la menta no te impidió actuar según lo que sentías aquel día.
Y me eché a reír, por la situación en general y por nosotras, porque en el fondo somos como dos niñas pequeñas... aunque nos cueste reconocerlo; orgullosas, caprichosas, frágiles, inestables, protectoras... pero al mismo tiempo tenemos también todo lo bueno propio de la infancia: la ilusión,la diversión, la pureza, las ganas de soñar y, en definitiva, de vivir.
Y supe que siempre que estuviera triste recurriría a ese recuerdo y que, milagrosamente, una sonrisa aparecería en mi cara.
Tal vez fue el sabor a menta en mi boca, no lo sé, pero me acordé de aquel día. Sí, ese en el que te piqué en la tienda amenazándote con que iba a comprar los chicles de menta y tú, orgullosa, me desafiaste con aire ausente y fingiendo que francamente te importaba un bledo. Aún recuerdo tus palabras: "compra lo que quieras". A lo que yo equiparandome a ti en chulería contesté: "Pues vale". Y, simplemente por hacerte rabiar, los compré.
Aún recuerdo que después te arrepentiste, al llegar al parque, e intestaste echarme la culpa a mí cuando ambas sabíamos, en el fondo, que todo se debía a tu cabezonería. Pero en fin, es otra cosa más de las que odio y amo de ti, al mismo tiempo.
Y luego me acordé de como te apartabas costantemente quejándote y como, a pesar de todo, la menta no te impidió actuar según lo que sentías aquel día.
Y me eché a reír, por la situación en general y por nosotras, porque en el fondo somos como dos niñas pequeñas... aunque nos cueste reconocerlo; orgullosas, caprichosas, frágiles, inestables, protectoras... pero al mismo tiempo tenemos también todo lo bueno propio de la infancia: la ilusión,la diversión, la pureza, las ganas de soñar y, en definitiva, de vivir.
Y supe que siempre que estuviera triste recurriría a ese recuerdo y que, milagrosamente, una sonrisa aparecería en mi cara.
domingo, 6 de febrero de 2011
Jueves 3. Febrero. Goodbye my lover.
Estoy en uno de esos sitios a los que quería traerte. Supongo que ya no lo haré.
Son las 17:29 y el sol, entre nubes, me da por la espalda. Estoy en un banco apartado. Nadie me ve. Me siento invisible por un rato. Y me gusta.
De pronto algo interrumpe mis pensamientos sobre ti. Me llama mi ma y le cuento mi dia. Hablamos de las clases y del abuelo. Me despido con ganas de verla mañana.
El banco está rodeado de árboles y el suelo está completamente lleno de hojas secas de otoño. Vi alguna caer hace un rato de un árbol y volar por el aire.
Siempre quise saber qué se siente al volar.
Suena I dreamed a dream, la versión de glee. ¡Cuánto te di el coñazo con videos de esa serie hasta que conseguí que te gustara!
¿Qué? En mis sueños te gustaba... y compartías mi emoción y me abrazabas cuando lloraba viéndola y bailabas conmigo las canciones... Sueños, que estúpidos y perfectos son a veces.
Now life has kill te dream I dreamed
Lo siento, no puedo evitarlo, lo haré sólo una vez más. Luego prometo no volver a pasarte canciones de Glee, pero es que tú no lo entiendes, ésta es distinta, me llega de forma especial, sobre todo una frase; y con ella me despido:
And still I dream she'll come to me, that we will live the years together. But there are dreams that canot be
Son las 17:29 y el sol, entre nubes, me da por la espalda. Estoy en un banco apartado. Nadie me ve. Me siento invisible por un rato. Y me gusta.
De pronto algo interrumpe mis pensamientos sobre ti. Me llama mi ma y le cuento mi dia. Hablamos de las clases y del abuelo. Me despido con ganas de verla mañana.
El banco está rodeado de árboles y el suelo está completamente lleno de hojas secas de otoño. Vi alguna caer hace un rato de un árbol y volar por el aire.
Siempre quise saber qué se siente al volar.
Suena I dreamed a dream, la versión de glee. ¡Cuánto te di el coñazo con videos de esa serie hasta que conseguí que te gustara!
¿Qué? En mis sueños te gustaba... y compartías mi emoción y me abrazabas cuando lloraba viéndola y bailabas conmigo las canciones... Sueños, que estúpidos y perfectos son a veces.
Now life has kill te dream I dreamed
Lo siento, no puedo evitarlo, lo haré sólo una vez más. Luego prometo no volver a pasarte canciones de Glee, pero es que tú no lo entiendes, ésta es distinta, me llega de forma especial, sobre todo una frase; y con ella me despido:
And still I dream she'll come to me, that we will live the years together. But there are dreams that canot be
viernes, 4 de febrero de 2011
I guess
- Grazie Mille
- ¿Por qué?
- Por haber formado parte de mi vida.
- ¿Y con eso te conformas?
- Supongo que es lo que me queda.
- ¿Por qué?
- Por haber formado parte de mi vida.
- ¿Y con eso te conformas?
- Supongo que es lo que me queda.
domingo, 30 de enero de 2011
Dulces sueños
Dulces sueños… fue lo último que escuché antes de cerrar los ojos. Dulces sueños; qué irónico. En realidad estaba a punto de adentrarme en mi peor pesadilla; esa en la que estaba sola.
sábado, 29 de enero de 2011
¿Recuerdas cuándo...
Reíamos sin saber bien por qué. Creíamos en lo imposible. Los niños no estudiaban la filosofía de Aristóteles sino el Imagine de John Lennon. Había aprendido a recordar sólo la parte que me hacía feliz. El barça siempre perdía. Escribía a todas horas; siempre había alguien esperando a leerlo. Tenía fe, en mí, en un hipotético nosotras. Tu risa tenía un eco en mi sonrisa. Escribías te quiero en doscientos idiomas y yo solo lo leía en tus labios. Sophie seguía entre nosotros. Estaba prohibido decir adiós y pedirle a Dios. No me habría rendido por nada en el mundo. Me ponía histérica ante cada momento a tu lado. Me creía una heroína cada vez que te salvaba de caerte. Consideraba a Epi y Blas tan castos e inocentes como yo. Sabía pedir perdón, pero no había razón para pedirlo. Había borracheras, no resacas. Te miraba y me entendías. Uno más uno eran siete, aunque yo me conformaba con cuatro. Aún me permitías robarte besos. Tenías un lenguaje distinto al mío que, milagrosamente, a veces, yo conseguía entender. Bailaba Michael Jackson, actuaba Marilyn Monroe y los Beatles aún estaban juntos. Volaba en otro avión, pero volaba a menudo. Entendíamos por Bob más que el nombre de Marley. Salía de casa y ya había luz, aunque las calles estaban mojadas. Se había impuesto el sentir al pensar. Todo era hipotético y futuro. Nunca me habrías rechazado un abrazo. Nevaba. Disney no era solo un reconfortante recuerdo del pasado y no, no me miraban raro cuando cantaba Yo voy a ser rey león. California no parecía tan lejano. Pensaba que aquella timidez tan tuya desaparecería con el tiempo. Creíamos que ese verano nunca acabaría. Tomábamos flash. Jugaba durante horas sin cansarme. Te miraba desde el asiento de delante sin que te dieras cuenta, mientas en el coche sonaba Taylor Swift. Reescribíamos la historia, sin miedo a tachar y a inventar. Me despertaba a tu lado. París no era una ilusión, sino una realidad?
…
But that was when I ruled the world.
…
But that was when I ruled the world.
martes, 18 de enero de 2011
Sin palabras
Sin palabras es como me quedé yo ayer. Sin palabras es la única respuesta que consigo a un último intento desesperado por mi parte de que lo comprenda, de que entienda que lo importante no fue lo de ayer sino lo que hay detrás de lo de ayer, que se dé cuenta de que nada tiene sentido si no confía en mí. Sin palabras. Daño gratuito y sin solicitud previa. Alejamiento en los momentos más difíciles.
Pero tal vez sea mejor así, quizás deba aislarme del mundo en este momento y comprender por mí misma que los sueños a veces no se hacen realidad. Tal vez deba contemplar como Peter Pan alza el vuelo tras despedirse de Wendy en la ventana, iniciando su regreso a Neverland.
Pero tal vez sea mejor así, quizás deba aislarme del mundo en este momento y comprender por mí misma que los sueños a veces no se hacen realidad. Tal vez deba contemplar como Peter Pan alza el vuelo tras despedirse de Wendy en la ventana, iniciando su regreso a Neverland.
Recuerdos
Y entonces vi la lucecita de noche. Y rompí a llorar.
Y pensé: pero eso es algo que solo Wendy entendería; si es que alguna vez me entendió.
Y pensé: pero eso es algo que solo Wendy entendería; si es que alguna vez me entendió.
lunes, 17 de enero de 2011
Wendy?
- Tal vez me confundí de nombre.
- ¿Qué?
- Wendy…. Tal vez me equivoqué… Ahora lo pienso y creo que es al revés; tú siempre fuiste Peter y yo siempre seré Wendy. Lo siento, me equivoqué de nombre.
- ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?
- Nada. Es sólo que me he dado cuenta de que el protagonista era Peter, el que no quería crecer; Wendy se ilusionó, dejó que le llevara a sitios mágicos, se enamoró de un niño que nunca querría ser su hombre, que nunca querría crecer a su lado. Wendy intentó demostrarle que él también podía ser un niño normal, intentó mostrar la parte positiva de vivir en el mundo real, de tener una familia y vivir junto a otra persona las distintas etapas de la vida. Intentó que abandonara Neverland, probablemente sintiéndose culpable por ello, por intentar que Peter abandonara su esencia y preocupada de que lo que ella podía ofrecerle en el mundo exterior no fuera lo que hiciera feliz al niño. ¿Pero de que otra forma podía verle? Ambos sabían que algún día ella tendría que regresar. ¿Qué pasaría entonces? ¿Podrían vivir el uno sin el otro? ¿Podría Wendy renunciar a su felicidad por la de Peter? ¿Y cómo estar segura de que Neverland era lo que realmente el niño quería? Wendy solo tuvo una opción; la correcta: volver al sitio al que pertenecía, llevándose consigo los maravillosos recuerdos de los momentos compartidos. Y dejar que Peter decidiera su destino, sus destinos, ya que el de ella dependía también de dicha decisión.
Mi discurso, por un segundo, me hizo creer en los cuentos de hadas otra vez; el silencio me devolvió a la realidad.
- Ambas sabemos el final de la historia – añadí – Y por ello, yo era Wendy y tú Peter Pan. Pero me he ido por las ramas y me he olvidado de lo verdaderamente importante, de algo que nos distingue completamente de ellos.
- ¿El qué?
- Tú no confías en mí.
De fondo, sonaba Back to december de Taylor Swift, expresando a la perfección lo que yo quería decir.
- ¿Qué?
- Wendy…. Tal vez me equivoqué… Ahora lo pienso y creo que es al revés; tú siempre fuiste Peter y yo siempre seré Wendy. Lo siento, me equivoqué de nombre.
- ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?
- Nada. Es sólo que me he dado cuenta de que el protagonista era Peter, el que no quería crecer; Wendy se ilusionó, dejó que le llevara a sitios mágicos, se enamoró de un niño que nunca querría ser su hombre, que nunca querría crecer a su lado. Wendy intentó demostrarle que él también podía ser un niño normal, intentó mostrar la parte positiva de vivir en el mundo real, de tener una familia y vivir junto a otra persona las distintas etapas de la vida. Intentó que abandonara Neverland, probablemente sintiéndose culpable por ello, por intentar que Peter abandonara su esencia y preocupada de que lo que ella podía ofrecerle en el mundo exterior no fuera lo que hiciera feliz al niño. ¿Pero de que otra forma podía verle? Ambos sabían que algún día ella tendría que regresar. ¿Qué pasaría entonces? ¿Podrían vivir el uno sin el otro? ¿Podría Wendy renunciar a su felicidad por la de Peter? ¿Y cómo estar segura de que Neverland era lo que realmente el niño quería? Wendy solo tuvo una opción; la correcta: volver al sitio al que pertenecía, llevándose consigo los maravillosos recuerdos de los momentos compartidos. Y dejar que Peter decidiera su destino, sus destinos, ya que el de ella dependía también de dicha decisión.
Mi discurso, por un segundo, me hizo creer en los cuentos de hadas otra vez; el silencio me devolvió a la realidad.
- Ambas sabemos el final de la historia – añadí – Y por ello, yo era Wendy y tú Peter Pan. Pero me he ido por las ramas y me he olvidado de lo verdaderamente importante, de algo que nos distingue completamente de ellos.
- ¿El qué?
- Tú no confías en mí.
De fondo, sonaba Back to december de Taylor Swift, expresando a la perfección lo que yo quería decir.
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